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La ordenanza municipal de ruidos lleva meses paralizada por su carácter restrictivo
CONTROL. Un agente comprueba el ruido de una moto. / LOLA GUIL
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Alicante aún no cuenta con la ordenanza municipal de ruidos, a pesar de que se aprobó inicialmente el pasado 13 de mayo y que en agosto finalizó el plazo de presentación de alegaciones. Se trata de una norma que regula de manera determinante la contaminación acústica y que está pendiente de aprobarse porque, a juicio de algunos expertos, tiene un carácter restrictivo y en el caso particular de los bares con música puede acabar con un buen número de establecimientos. Una vez que se apruebe y comience a aplicarse obligaría a echar el cierre a muchos pequeños locales de copas que hay en la ciudad puesto que les obliga a tener unas medidas mínimas.

La norma exige a los establecimientos de copas que no excedan los 75 decibelios y prevé exigir un limitador controlador que impida que se pueda sobrepasar. Este aparato es diferente al que ya tienen muchos de los locales porque es imposible de manipular: no puede alterarse ni modificarse. Además, el aspecto más controvertido del mismo es que obliga que los bares con música tengan una superficie mínima de 100 metros cuadrados de superficie útil.

La concejala de Urbanismo y responsable de dicha ordenanza, Sonia Castedo, anuncia que tiene previsto hacer llegar a los partidos de la oposición el documento final en breve. «Quiero que vean la ordenanza y hagan las apreciaciones necesarias; de la misma forma que con la de antenas. Que exista un consenso porque queremos que sea la mejor».

A pesar de que algunos estudios sitúan a la Comunidad Valenciana como una de las más ruidosas y con ella Alicante, Sonia Castedo asegura que a su juicio no es así. La responsable de Urbanismo explica que puede haber una sensación de que es una ciudad ruidosa, pero comparada con otras capitales no lo es tanto.

En el cuestionario de población y vivienda para el censo del 2001 se determinaba que Alicante era la quinta capital de provincia en el que los vecinos aseguraban sufrir problemas de ruidos, así como contaminación y poca limpieza en las calles.

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