MADRID. La nueva Ordenanza de ruido de Madrid, que se aprueba con
carácter inicial en el próximo pleno, aumentará el control sobre alarmas y
sirenas, para evitar su uso indiscriminado. Las líneas generales de esta
ordenanza fueron explicadas ayer a la oposición local.
Según la nueva norma, para instalar cualquier sistema de alarma o
sirena necesitará autorización previa de la Concejalía de Medio Ambiente y
Servicios a la Ciudad, para la que deberá aportar documentación concreta
sobre los niveles sonoros de emisión máxima, entre otros.
En el caso de las alarmas, deberá acreditarse la licencia municipal que
ampare el ejercicio de la actividad del establecimiento en que se instale,
así como el nombre, dirección y teléfono del responsable de su control y
desconexión. No podrán superar los 60 segundos continuados de sonido,
aunque podrán repetirlo hasta tres veces en intervalos de 30 a 60
segundos.
La ordenanza de ruido endurece también las sanciones, algo que ha sido
criticado por el concejal del PSOE Pedro Zerolo que considera el texto
legal «inaplicable y propagandística». Le parece inviable, por ejemplo,
que se pueda multar a un conductor por hacer sonar el claxon hasta con
12.000 euros. Recordó que ésta es «la tercera norma contra el ruido que se
aprueba en la capital en los últimos tres años». El endurecimiento de las
sanciones, dijo, «tiende más a la recaudación que a la solución de la
contaminación acústica».
Por su parte, la concejal de IU Concha Denche también criticó la nueva
norma, porque cree que es «más de lo mismo sobre lo que había, con la
excepción de que se acentúa el carácter punitivo contra el ruido generado
por los hábitos de ocio, pero no contra el generado por el tráfico
rodado».